El nuevo tren de la eurozona está claro. En la Europa de la segunda década de este siglo no figura España en el primer vagón. Es un país rémora, con demasiado lastre, que obligaría a reducir la velocidad. Alemania sigue siendo, sin discusión, la locomotora, pero Francia, desde que llegó Hollande, quiere compartir la cabina del convoy y no tiene las mismas ideas exactamente, en cuanto a la hoja de ruta, que su amable rival alemán.
CAMP DAVID
En Camp David (la cumbre del G-8 de la semana pasada) se vieron los rostros y las posiciones de las piezas en el nuevo tablero de ajedrez. La señora Merkel, dueña de sí misma en medio del círculo varonil, como en tiempos de Thatcher, guardaba (o la hacían guardar) las distancias con Obama, que sentaba a su lado al amigo francés Hollande y el inseparable aliado inglés Cameron, víctima de los agravios de Sarkozy. Obama y Hollande (y al parecer Cameron, que solo discrepa de la tasa a las transacciones que sí impulsa el eje francoalemán) han tirado por tierra la agenda Merkel en Europa en su cara.
La prioridad ya no ha de ser la austeridad a machamartillo, sino el crecimiento con sus medidas de estímulo inaplazables, le guste o no le guste a la canciller. Y esta se ha mordido la lengua, fuera de su territorio, evitando hacer un numerito en el foro de los países más desarrollados (allí estaban también los chinos, los rusos y demás imperios de la cosa), pero se vuelve para su país, para su finca europeo con cierta retranca. Antes de las legislativas francesas de junio tiene previsto reunirse en Roma con Hollande y Mario Monti. España no está citada. Es un cónclave –se entiende- de los países que “mean” en la Europa venida a menos. Ahí se supone que cerrarán filas de cara a la galería, con algún enjuague de fórmula ambigua entre el plan germánico de disciplina fiscal, recortes y ajuste de caballo, y alguna pócima crecepelos y un estimulante té aguado. Tienen que salvar el tipo o, en verdad, Europa se la cargan ellos solitos sin que el fantasma de Bin Laden active la bomba.
MERKELLONTI
Ese trío que nadie se cree, algo así como un ‘Merkellonti’, no tiene talla, por lo que se adivina, para afrontar el desafío de dimensiones históricas que les propone apremiantemente la Unión Europea, con poco más de medio siglo de existencia entre luces y sombras. Ni más ni menos que la refundación del invento, con decisiones de tal calado que no los imagino adoptándolas a este paso a todas luces rácano.
La recesión se extiende como lepra contagiosa por toda la eurozona, y acabará arrasando de llagas purulentas a las mismísimas Francia y Alemania, lo quieran o no lo quieran ver. Echarán pestes de Krugman, pero el suyo es todo un aviso a navegantes: si el sistema financiero español fuera intervenido con fondos europeos (como ya insinúa un imprudente Hollande) dentro de un par de meses, una vez concluyan los auditores privados su trabajo sucio, habría colas en los bancos, retirada masiva de depósitos, fuga de capitales y corralito al canto. Y el euro se tambalearía y su santa madre también, que es la diosa (¿odiosa?) Alemania austerizadora de esta señora obsesionada con contener la inflación a costa de la asfixia del resto de los estados sometidos a su diktat.
RAJOY EN CHICAGO
Rajoy proclamaba ayer mismo, dichoso y dicharachero por el paseo en barco con doña Angela por el río que atraviesa Chicago (a pocos metros da clase Martha Nussbaum, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de este año, que les pide más “imaginación”), su credo obediente: el único crecimiento posible es el que provenga (cuando toque, antes o después de la agonía, cabe preguntar) de la innegociable política de ajuste y reformas en marcha. Esta conjura de los recios austeros fundamentalistas contra los profetas del crecimiento nos va a llevar a un nuevo antagonismo simplón entre derechas e izquierdas, entre ultraliberales y keynesianos, que es algo que les encanta a los políticos para tener de qué hablar delante de un micrófono. Pero mientras pierden el tiempo con rifirrafes de patio de colegio, Europa se desangra.
GREXIT
No es broma la tesitura de que Grecia (Grexit la llaman ya sin rodeos y la misma canciller le pide que refrende el euro) salga de la moneda única o sea expulsada. El mismo efecto dominó que la intervención de la banca española. Es la pescadilla que se muerde la cola. Si lo que pretenden es partir Europa por la mitad, el Norte a lo suyo y el Sur a su casa, convendría poner las cartas boca arriba desde este miércoles, en que se celebra la cumbre informal para hablar teóricamente de crecimiento y hacerlo, en realidad, de Grecia y España, chivos expiatorios del peor ‘déficit’ de esta crisis, el ‘déficit’ de europeísmo institucional, el ‘déficit’ del BCE como banco central en sentido estricto y, en suma, el ‘déficit’ de gobernanza europea en todos los sentidos.
¿MERKOLLONTIJOY?
Son como niños jugando con fuego. Hasta que se queman. Puestos a jugar, ya podrían invitar al errante Rajoy a la velada de Roma, y, como todo es una farsa, dar a luz un engendro aún más irreconocible, bajo el nombre de ‘Merkollontijoy’. ¿Qué les parece? Que ni en la última cena falte el humor.

mayo 21st, 2012
Carmelo Rivero
